Desde
el inicio del los tiempos los dragones reinaban como dioses del mundo,
protegiéndolo y dándoles cobijo a todas las razas. Pero las diferencias entre
cada raza provocó una separación de las mismas, cada una se quedó en una zona
del mundo, descubriendo y desarrollando sus habilidades.
Las
múltiples razas de felinos y cánidos sobresalían del resto por fuerza y
habilidad, mas los tigres ansiaban poder y soberanía, lo que les llevó a la
declarar una guerra sin cuartel contra el resto de razas. Su número era mayor
que el de cualquier raza, sus semejantes felinos acabaron convirtiéndose en
esclavos, panteras, leones, leopardos… todos se volvieron soldados para los
tigres en su afán de conquista; asesinaban a sangre fría a todo ser que no fuera
de los suyos dejando un número ínfimo de gente en el mundo, la guerra duró
años, mas una raza se opuso contra los tigres, los lobos expertos en el arte de
la nigromancia.
Sus
habilidades eran tales que los tigres retrocedieron a la hora de tomar su
territorio, el Bosque de las Almas; pero llegado el momento un lobo con los
mismos propósitos que los tigres traicionó a su propia raza, abriéndoles un
camino a los tigres por donde poder empezar a dominar el Bosque de las Almas.
Los tigres se infiltraron en el bosque quemando y arrasando con todos los
árboles y seres vivos de la zona, los lobos casi habían perdido la batalla, mas
cuando todo parecía perdido un lobo decidió ir al altar de los dioses dragones
en el Árbol Seki.
El
pobre lobo negro les pidió ayuda a los dioses, los cuales ante la fatídica
situación decidieron que para terminar esta guerra los tigres debían
desaparecer del mapa, ya que si seguían con vida su codicia les llevaría de
nuevo a otra guerra. Cada dragón le otorgó una porción de su poder al joven
lobo negro, inundado por esa fuerza tan abrumadora su cuerpo empezó a cambiar,
el lobo negro acabó transformándose en el séptimo dios dragón.
Los
tigres tenían rodeado el árbol, empezaban a avanzar hacia su interior, más el
joven dragón apareció en la puerta del altar, todos asombrados por la aparición
del dragón no sabían cómo reaccionar. El joven dragón deslizó bruscamente el
brazo de izquierda a derecha, levantando una cantidad sobrecogedora de viento
barriendo del mapa a más de la mitad del ejército invasor. Los que quedaron con
vida decidieron huir como ratas, el dragón fue aniquilando a cada uno de los
tigres que encontraba a su paso, dejando con vida al resto de felinos ya que
sabía que solo les seguían por miedo a la muerte.
Los
tigres fueron exterminados del mapa, el mundo estaba hecho un completo desastre
por la guerra, era momento de empezar desde cero y reconstruir los pueblos, las
ciudades y la población. El joven dragón sabía que la tierra estaba muerta y
que necesitaba una nueva vida, los pocos que quedaron vivos después de la
guerra seguían incondicionalmente al dragón el cual les encomendó la tarea de
revivir sus razas ayudándose entre ellas no como hicieron hasta ahora, el
dragón designó a 6 jóvenes con el potencial necesario para ayudarle.
Al
día siguiente, los 7 dioses levantaron una gran extensión de tierra al cielo
donde coexistirían las razas posteriormente, los 6 primeros dragones usaron
todo su poder para darle nueva forma a la tierra renovándola y el joven dragón
para mantener esta nueva tierra sagrada decidió degenerar su forma hasta el
estado de huevo, convirtiéndose en el núcleo del planeta y convirtiendo el
lugar en un gran remanso de paz.
El
agua fluía, el viento soplaba, la tierra volvió a ser yerma y tranquila; todo
gracias a los 7 dioses dragones, pero ahora quedaba un pequeño problema por
solucionar, el séptimo dragón ahora un huevo le pidió a los 6 jóvenes elegidos
para que guardaran los 6 cristales que albergaban los poderes que le
concedieron los dioses, si esas piedras tomaban contacto con la piedra que
cubría el huevo, el séptimo dios reviviría y ya no podría mantener en el cielo
la tierra que levantó junto a los otros dioses.
Los
6 elegidos se convirtieron en los denominados por la historia como
“Guardianes”, ellos decidieron separarse a lo largo y ancho del nuevo mundo,
escondiendo y protegiendo los cristales de cualquier otro ser malvado que
decidiera traer de nuevo el desastre al mundo. Ahora la leyenda de los dioses y
los guardianes perdura en el nuevo mundo, tanto los cristales como el título de
“Guardián” han ido pasando de generación en generación, los cristales siguen
ocultos, los supervivientes de la guerra siguieron los designios del séptimo
dios y trajeron de vuelta sus razas. Los “Guardianes” deben escoger pronto a
sus sucesores, pronto la reunión en el gran Árbol Seki dará comienzo, y los
guardianes no son los únicos que saben que esta reunión se llevará a cabo…
